¿Criaturas o hijos de Dios?

Algunos visten con majestuosidad, otros con sencillez; cada uno tiene su terminología particular y forma de apelar a los temores y emociones de la gente, pero al margen de variaciones superficiales, todos hacen un verdadero embrollo alrededor de los conceptos esenciales.

Primero afirman que somos Dios. Luego continúan diciendo que si bien, cualitativamente somos uno con Dios, ya que Dios es eterno, lleno de conocimiento y con un sinnúmero de atributos fabulosos, y nosotros también, ello no significa que seamos cuantitativamente uno con Dios, que seamos uno con Él en todos los aspectos. Por ende, la conclusión es que somos uno con Dios y diferentes de Dios, pero que no somos uno con Dios y lo mismo que Dios.

¿Puede alguien entender eso? No lo sé, pero para mí no tiene ningún sentido. Es como si una mujer dijera, “desde un aspecto cualitativo, estoy embarazada, sin embargo, si lo considerara desde un punto de vista cuantitativo, entonces no lo estoy”. No obstante el ejemplo resulta contundente para apreciar lo ilógico de lo afirmado, pues una mujer, o está embarazada o no lo está, resulta increíble que el misticismo, el temor y los prejuicios impidan que los llamados temas “espirituales” puedan apreciarse con la misma claridad para, de igual forma, entender y decir, “o se es Dios o no se es”. Bien pudiera haber quien busque enfrascarse en discutir sobre el significado de “estar embarazada” para así intentar “demostrar” que una mujer puede estar en ambos estados de forma simultánea. Ni hablar de ello, pues aquí no se busca entrar en discusiones filosóficas que a nada conducen.

Dado que lo anterior podría ser sólo un problema de interpretación, traducción o redacción, toda posible controversia suele resolverse con la afirmación clara y tajante de que somos el sirviente de Dios, y no Dios. ¿Uno de los tantos argumentos empleados? Si fuésemos uno y lo mismo con Dios, ello significaría que en este instante tendríamos poder total sobre el universo entero y entonces, ¿por qué tendríamos que trabajar si Dios tiene una riqueza ilimitada a Su disposición?

No cabe duda que eso de estar con razonamientos embrollados (primer caso) o infantiles (segundo caso), no prueba sino la ausencia de un conocimiento real. Claro, cada quien tiene el derecho de creer lo que quiera creer, sin embargo, como ya se demostró, los resultados de mantener y vivir conforme a creencias en lugar de a un entendimiento, marcan toda la diferencia.

Siempre encontraremos quienes intentan defender ideologías erróneas y absurdas por mostrar alguna posible verdad en ellas, pero eso resulta tan inútil, improductivo e insustancial como querer defender la siguiente demostración matemática por probar que algunos de los pasos son correctos:

Demostración de que “dos es igual a uno”
1. Partimos de la igualdad: a = b
2. Multiplicamos por “a”: a * a = b * a
3. Es decir: a2 = ab
4. Restamos “b al cuadrado”: a2 – b2 = ab – b2
5. Factorizamos: (a + b) * (a – b) = b * (a – b)
6. Eliminamos el factor común “(a – b)”: (a + b) = b
7. Ahora, si hacemos que “a” sea igual a uno (1), y como partimos de la premisa “a = b”, sustituimos: (1 + 1) = 1
8. Queda entonces demostrado que: 2 = 1

El resultado es evidentemente absurdo, nuestro conocimiento básico de la matemática nos indica que ello no es posible; sin embargo, para alguien carente de una base adecuada bien podría parecer aceptable, y no sólo eso, sino además “lógico”.

Aunque en este momento no lo creas, esto es justamente lo que han hecho, tanto la religión como la ciencia: nos han presentado explicaciones que si bien, parecen lógicas, tienen fallas fundamentales y por eso conducen a resultados ridículos. Tal vez ahorita tú te preguntes, “¿y cómo es que no nos parecen absurdos?”. Bueno, la respuesta está en el párrafo anterior: no hemos partido de una base adecuada, así que ante la falta de opciones verdaderamente lógicas y razonables, y como también se nos ha enseñado a pensar que ambos temas están más allá de nuestra comprensión, finalmente hemos terminado por aceptar conclusiones incoherentes. Si tampoco crees esto último, sólo debes observar con cuidado; va a ser imposible que no encuentres ejemplos de que una mentalidad en estado infantil y que aún no desarrolla su facultad de raciocinio correcto, básicamente es capaz de aceptar sin cuestionar cualquier concepto que se le presente.

Estamos donde estamos, tecnológicamente hablando, gracias y sólo gracias a que aquellos errores surgidos durante la investigación matemática no se perpetuaron como sagrados, pues al margen de la supuesta grandeza de quien los hubiera cometido, hubo quienes se dedicaron a comprobar si tal o cual propuesta era válida o no, y es precisamente eso lo que permitió, y sigue permitiendo, un desarrollo continuo.

En cambio, espiritualmente hablando, estamos donde estamos debido a que los errores surgidos se han perpetuado como sagrados debido a la supuesta grandeza de quienes los cometieron. De manera desafortunada, las palabras del único individuo que comprobó, enseñó y demostró el camino correcto, han sido totalmente ignoradas, y no sólo eso, además se han malinterpretado y tergiversado totalmente, manteniendo así a la humanidad sumergida en una completa oscuridad espiritual, pues al creer que lo que sabe es verdad, en forma alguna se ha molestado en siquiera intentar comprobar la veracidad o falsedad de lo creido.

Chapulin en comalSea en la ciencia de la matemática o de la vida, los errores se vuelven evidentes cuando, y sólo cuando, las leyes y principios subyacentes se estudian, razonan y entienden en su totalidad. Sólo entonces se vuelve posible el desarrollo real (dirigir de forma consciente). Por eso la religión nunca va a ser el camino, ya que carece de las bases correctas y, por consiguiente, sólo se apoya en conjeturas místicas e infantiles que, por el temor inculcado durante siglos, pocos se atreven a contradecir. Sin embargo, tal como muchos brincaron como chapulín en comal (y otros siguen haciéndolo), enfurecidos ante la idea de que la tierra es redonda o de que no es el centro del universo, ahora muchos aullarán y vociferarán “¡blasfemia!” ante la idea de que real y verdaderamente somos Dios, mas ciertamente ello no alterará en absoluto el orden de la naturaleza o de la vida (afortunadamente).

Criatura e Hijo de Dios

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Dizeño Intelijente


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¿El problema? Discutir acerca de Dios sin saber qué es Dios.