¿Jesús hizo milagros?

Un milagro se define como un suceso extraordinario o maravilloso, no explicable por medio de las leyes naturales, y que usualmente se atribuye a una intervención divina. Lo que esta definición nos dice, en esencia, es que un milagro es algo totalmente antinatural o contranatural.

Si partimos de que las llamadas “leyes naturales” son las llamadas leyes físicas (biológicas, químicas, etc.), entonces sí, ciertamente parecería que Jesús realizó milagros, ya que todo lo que hizo estuvo en clara oposición a esas leyes que desde la infancia se nos han enseñado.

Antes de continuar, nuevamente aclaro que todavía sigo dando por aceptada la idea de que hay ese Dios personal omnipotente, ya que el objetivo de esta primera serie de publicaciones es presentar, bajo la luz del sentido común y la razón correcta, algunas ideas derivadas de este concepto.

Habiendo dicho esto, ahora piensa en lo siguiente, ¿verdaderamente suena lógico que Jesús haya roto, quebrado o violado leyes naturales, especialmente si partimos de que dichas leyes fueron creadas por Dios? Expresado de otra forma, si Jesús hizo milagros, entonces sólo queda reconocer que de alguna forma contravino las leyes de su Padre; e incluso si se argumenta que él no lo hizo, sino que fue Dios mismo actuando a través de él, no hay forma de resolver esta cuestión, ya que por definición, una ley es inmutable, es decir, es imposible alterarla en forma alguna bajo ninguna circunstancia, y para quien aun a pesar de este hecho, diga que “todo es posible para Dios”, como suele contestarse para resolver o contestar cualquier posible situación ilógica e incoherente, no contradiré dicha respuesta con los clásicos argumentos absurdos de, “¿entonces Dios podría suicidarse?” o “¿entonces podría Dios crear una piedra tan grande que ni Él pudiera levantar?”, sino invitaré a meditar en lo siguiente, ¿realmente crees que Él podría alterar sus propias leyes (como crear algo de naturaleza opuesta a sí mismo, tal como se expuso en la primera publicación)?, y antes de que contestes de manera irreflexiva que “sí”, considera, si son leyes de la vida y Él está vivo, ¿qué implicaría eso?

Por lo tanto, esto nos obliga a concluir:

  1. que en realidad no hay ninguna ley natural o de la vida o de Dios; o,
  2. que en realidad Jesús no realizó ningún milagro en absoluto, pues como hemos visto, de haberlo hecho, ello sería antinatural y una total y clara violación a las leyes de la vida.

Si elegimos la primera opción como respuesta, es claro que sólo vamos a terminar hundiéndonos más y más en las arenas movedizas de la creencia errónea porque entonces situamos a Dios en un estado caótico, al margen de ninguna ley u orden, y para quien considere válida esta opción como respuesta, primero debería observar de forma cuidadosa toda las pruebas a su alrededor, ya que ellas demuestran que hay leyes naturales en operación, y luego pensar y razonar en lo siguiente: ¿podría Dios, ser y actuar u operar al margen de ninguna ley? Es claro que esto debe ser imposible, ¿pues cómo podría entonces Dios funcionar de forma constante, coherente, confiable y metódica si no es por ser una ley Él mismo? Planteado de otra forma, si hay leyes operando en el universo, lo cual es evidente, ¿cómo podrían surgir leyes de donde no las hay?

Vemos ahora que la única opción clara y lógica radica en concluir que en verdad Jesús no realizó ningún milagro, por lo cual debe comenzar a ser evidente que todo lo que él hizo fue completamente natural y en absoluta concordancia con las leyes de la vida.


 

¿Todavía crees que Jesús sí realizó milagros?

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Con esta publicación concluye esta primera serie dedicada a presentar unos cuantos conceptos básicos y algunos razonamientos generales. La siguiente serie se enfocará en cuestionar, también a través de razonamientos breves y sencillos, la imagen de Dios como un ser personal.