La paradoja de Epicuro

Con cierta frecuencia puede encontrarse gente que después de haber dedicado una vida a alabar a Dios o a difundir su palabra, “pierde su fe” y entonces comienza a pregonar que no hay ningún Dios. Si bien, este cambio puede darse tras empezar a cuestionar y pensar lógicamente acerca de este tema, usualmente ocurre después de vivir alguna desgracia y de no recibir respuesta alguna a los cientos de rezos y ruegos sinceros. Sin duda alguna, una forma muy desagradable de comenzar a despertar a una realidad. ¿En dónde radica el problema en este tipo de situaciones? En haber creido que en verdad había un Dios otorgándole favores a diestra y siniestra.

Es fácil comprender los factores que han llevado a la humanidad a mantener la creencia en Dios y a transmitirla de generación en generación, pero resulta sorprendente que esos factores hayan sido y sigan siendo tan fuertes como para nublar la capacidad de la mayoría de los individuos de ver clara y objetivamente la verdad. Si se observa el mundo alrededor y se medita un poco, es fácil encontrar incontables contradicciones al tratar de hacer que el concepto de Dios encaje con la realidad.

El problema del mal

Por ejemplo, si Dios es omnibenevolente, omnipotente, omnipresente, omnisciente y creador de todo el universo, entonces ciertamente no debería haber ningún mal. Dado que el mal es evidente y nadie pone en tela de juicio su existencia, al ser Dios el creador de todo, ello implica que Dios debe ser el causante del mal, ya que, precisamente, no hay ningún otro poder creador sino Él.

A este problema se le conoce como el problema del mal, el cual ha sido, para la religión y la filosofía, un problema en extremo complicado. Se le atribuye al filósofo griego Epicuro de Samos el haber desarrollado un razonamiento (la llamada Paradoja de Epicuro), para probar que es imposible, o al menos improbable, la coexistencia del mal y de Dios; sin embargo, Epicuro nunca negó la existencia de los dioses, él simplemente declaró que cualesquiera dioses hubieran, no estarían al tanto de nosotros y que, por lo tanto, no estarían buscando castigarnos o premiarnos, fuese en ésta o en cualquier vida posterior.

Efigie de EpicuroAl margen del autor, el razonamiento establece lo siguiente:

Si Dios está dispuesto a prevenir el mal, pero no puede, entonces él no es omnipotente.
Si puede, pero no está dispuesto, entonces él es malévolo.
Si puede y está dispuesto, entonces ¿de dónde viene el mal?
Si no puede ni está dispuesto, entonces ¿por qué llamarlo Dios?

No obstante la teodicea (v. definición, artículo, PDF) busca demostrar la existencia de Dios de forma racional, el problema esencialmente sigue sin ser resuelto, sea por la religión, la filosofía o la ciencia.

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¿Qué opinas, consideras que un Dios amoroso y todopoderoso habría creado o permitiría que hubiera un mal?

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“¡Ay, cómo culpan los mortales a los dioses!, pues de nosotros, dicen, proceden los males. Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde”.
—Zeus (La Odisea, Homero)