La vida es una ciencia

A lo largo de la historia de la humanidad, muy poca gente se ha percatado de que la vida es una ciencia. Tal vez esta afirmación parezca un poco extraña, pues si la humanidad ha llegado hasta donde lo ha hecho, ello ha sido gracias al desarrollo de las diversas ciencias, y aunque estas ciencias dicen estudiar algún aspecto de la vida, la realidad es que no estudian la vida misma, sino su efecto. Esto es similar a observar la sombra creada por una mano, y luego creer que por estudiar la sombra se está estudiando la mano; ello no es así. La única forma de estudiar la mano es por estudiar la mano, no su sombra, porque sin importar cuánto se estudie o analice la sombra, ello nunca permitirá, ni remotamente, determinar ningún hecho acerca de la mano.

Lo mismo sucede con la vida. Ni el universo con todas sus estrellas, nebulosas, galaxias y cientos de fenómenos extraordinarios, ni el planeta con todos sus ríos, mares, montañas, bosques y desiertos, ni las plantas, los animales o los llamados seres humanos, ni su respectivo comportamiento, ni la sangre, los nervios, las células o el cerebro, ni nada de lo que pueda percibirse de una u otra forma, es la vida; por lo tanto, aunque todo esto siga estudiándose otros cinco mil años más, la humanidad seguirá sin llegar a ninguna respuesta definitiva respecto a la vida.

En verdad es increíble que tras miles de años de descubrimientos y estudios, y tras una cantidad incluso mayor de conjeturas, ideas y teorías, aún sigamos en una completa oscuridad respecto a la vida. ¿Pero por qué ha sido esto así? En esencia, porque como individuos no hemos querido dejar la cuna, no hemos querido crecer porque eso implicaría tomar las riendas de nuestra vida y asumir una total y completa responsabilidad de nosotros mismos; en lugar de eso simplemente hemos optado por dejar que otros piensen por nosotros para luego esperar a que determinen y nos digan cómo es todo, aun cuando lo dicho no sea cierto, y entonces quejarnos de los resultados. Nunca una frase fue más cierta que aquella de “un ciego guiando a otro ciego”.

No obstante todas las teorías de conspiración, el problema no está ni ha estado en los supuestos líderes, ya que ellas y ellos, al igual que nosotros, tampoco saben nada, en verdad no tienen ningún conocimiento real de nada; ese grupo de individuos simplemente decidió estar lo más alto en la cadena alimenticia, nada más, y claro, hacen su mejor esfuerzo para mantenerse donde están, lo cual demuestra que ciertamente no poseen ninguna verdad oculta o superior. Si hemos permanecido autohipnotizados y autoengañados, creyendo que la vida es algo que no es, simple y sencillamente esto ha sido porque así lo hemos establecido, y esto no es culpa de nadie más sino de uno mismo.

El problema es que hemos preferido creer en fantasías absurdas y en esquemas totalmente irreales e irrazonables antes que enfrentar la verdad simple, llana y pura. Evidentemente ahorita has de estar pensando que esto no es así, y no porque pienses que estoy mintiendo, sino porque seguramente debo estar equivocado, y claro, antes de siquiera considerar seguir leyendo, esperarás que te de una prueba de lo que digo. Si así ha sido, eso es una buena señal porque indica que es muy probable que estés lista para emprender un nuevo camino en tu vida, pero volvamos a la prueba, o pruebas, porque no te voy a dar una, sino dos, ya que son dos las contendientes que han definido el rumbo del pensar humano en este mundo: la ciencia y la religión.

Como ésta es la primera entrada o publicación de este sitio, debo aclarar que el objetivo básico de esta primera serie de publicaciones es plantear cuestionamientos y razonamientos lógicos, claros y sencillos; sin embargo, es casi seguro que en cada caso tu primera respuesta será una de rechazo porque éstos van a estar en total contradicción a lo que se nos ha dicho y enseñado desde que nacimos, y que evidentemente hemos aceptado sin objetar, pero si te das la oportunidad y los piensas cuidadosamente, poco a poco verás que son verdad.

Flor amarillaEmpecemos con la ciencia. La ciencia se basa en lo tangible, o lo que puede tocarse o percibirse de alguna forma, y parte de la idea de que la vida se encuentra en aquello que llamamos “materia”. Sí, yo sé que la evidencia en contra es abrumadora y prácticamente imposible de ignorar: si nosotros somos cuerpos y nosotros estamos vivos, es claro que la materia debe contener vida o ser la fuente de la vida, ¿pero resistirá este enfoque un razonamiento sencillo? Yo te pregunto ahora, ¿un átomo (o cualquier subpartícula constituyente) tiene vida, piensa o está consciente? Es evidente que no. Ahora, si el átomo es el elemento constitutivo de la materia, y el átomo no tiene vida, debe ser claro, o debería serlo, que por consecuencia la materia tampoco puede tener vida o estar consciente.

Sigamos ahora con la religión. La religión se basa en lo intangible y parte de la idea de un ser supremo que creó el universo y a nosotros con él. Para no entrar en controversia tan rápido y para fines de este cuestionamiento, por el momento daré por aceptada la creencia respecto a ese ser supremo. Según el primer capítulo del Génesis, él nos creó a su imagen y semejanza; y según el segundo, a partir de una cantidad de polvo a la cual le insufló (infundió) el “aliento de vida”. Debe ser evidente que ya desde este punto la religión se encuentra en una clara y tremenda contradicción, pues mientras que la primera versión nos definiría como seres espirituales, ya que ese Dios debe ser un ser espiritual, la segunda haría de nosotros un simple montón de materia con algo llamado “aliento de vida” (o la llamada “ánima” o “alma”) para darnos vida, o un “aliento de vida” atrapado dentro de un montón de materia o una extraña combinación de ambos. La pregunta ahora sería, ¿cuál es la versión correcta, si es que alguna? No obstante a la gente le gusta pensar que no hay nada imposible para ese ser supremo, ya que eso permite resolver cualquier situación ilógica o irracional, de hecho sí habría toda una serie de cosas que le serían irrealizables, una de las cuales sería la de crear algo de una naturaleza diferente a sí mismo, es decir, la supuesta materia, pues se acepta que la materia y el espíritu no sólo son de naturaleza diferente, sino incluso opuesta.

Por lo tanto, contrario a lo que hemos supuesto y creido ser verdad toda nuestra vida, ahora vemos que si lo pensamos tranquila, objetiva, lógica y claramente, sólo queda concluir que somos seres espirituales y no materiales.

Para concluir esta entrada, observa que el razonamiento empleado se apoyó en una ley básica de la vida: “lo semejante produce lo semejante” (la cual también podría expresarse como: “la naturaleza del efecto es igual a la naturaleza de la causa”), y de esta forma hemos dado el primer paso para comprobar que en verdad, la vida es una ciencia, ya que tiene y está sujeta a leyes.

Tú qué piensas, ¿somos seres espirituales o seres materiales?