Tú necesitas a Dios

No hace falta buscar mucho para saber que una premisa o punto de partida fundamental en torno a Dios, radica en la idea de que todos lo necesitamos; de hecho, “tú necesitas a Dios”, es una de las frases obligadas durante un intento de conversión. Necesitar a Dios, como tanto se afirma e insiste, implica que debe haber, primero un Dios y segundo, una necesidad en el individuo que sólo Él puede satisfacer. Veamos si a través de esta idea podemos determinar si en verdad hay un Dios o no.

De forma evidente, la primera pregunta ante tal afirmación sería, “¿Para qué? ¿Para qué necesito a Dios?”. Dado que sería un suicidio argumentativo responder que para obtener cualquier tipo de bien material, la respuesta invariable es, “Para satisfacer tu hambre espiritual y saciarla totalmente”.

Si ahora preguntara, “¿Cómo sabes o quién dice que yo tengo un hambre espiritual?”, el misionero contestaría de forma inmediata: “Porque tú fuiste creado con una necesidad espiritual, la cual sólo Dios mismo puede satisfacer”.

Muy bien, ahora yo pregunto, “¿Si Dios es perfección, por qué entonces me hizo imperfecto?”. En este momento debe comenzar a ser evidente que el esquema de Dios ya está derrumbándose.

Brazo del hombre agarrándose del brazo de DiosSi la respuesta es que Él no me hizo imperfecto, entonces yo no tengo ninguna necesidad real, ya que el concepto de perfección implica una ausencia completa de error o defecto, es decir, al ser perfecto yo no tendría ninguna carencia y, por ende, Él no me habría creado para necesitarlo. De hecho, siendo éste el caso, debe ser claro que entonces ni siquiera habría sido “creado” por Él, sino que sería exactamente lo mismo que Él.

Por otro lado, si acepta que Dios me hizo de forma imperfecta, entonces lo primero que tendría que explicar es cómo un Dios podría crear algo de naturaleza opuesta a sí mismo (en la primera publicación se expresó que una ley de la vida es que lo semejante produce lo semejante), es decir, si Dios nos creó, de manera obligatoria tenemos que ser de su misma naturaleza. Sólo para ver a dónde conduce esto, omitamos esta cuestión fundamental y de momento demos por aceptado (ya que es todopoderoso) que Dios mágicamente violó una ley de la vida y nos hizo imperfectos.

Tras consultar la lista de respuestas predeterminadas, la correspondiente sería que “me hizo imperfecto porque Él quiere encontrarse conmigo, y que la necesidad con la cuál me creó es para que yo le dé la oportunidad de que nos encontremos”.

Entonces, un supuesto Dios perfecto me creó con una carencia, es decir, de forma imperfecta, para que yo lo necesitara porque Él:

  • Quiere cambiar mi vida.
  • Tiene un plan perfecto para mi vida.
  • Quiere satisfacer mi necesidad espiritual.
  • Quiere darle un verdadero sentido a mi vida.
  • Quiere mostrarme que con Él las cosas son más fáciles.

No obstante ya en este punto es obvia la irracionalidad de este esquema, lo más grave está aún por venir. Sí, ya que este supuesto Dios perfecto no sólo me creó con una necesidad (la cual podría tener como propósito que yo me esfuerce y me desarrolle para resolverla, pero no, el objetivo no es ese ya que sólo Él puede satisfacerla), sino que además, en Su infinita omnibenevolencia, y a pesar del “libre albedrío” que me otorgó, me obliga a no buscar en ningún otro lado porque no debo llenar esa necesidad espiritual con absolutamente nada que no sea Él, pues a uno le indican que “sin importar que ahora sea muy feliz, su vida será mucho más plena con Dios en ella”.

Sin importar entonces, que nosotros pensemos, creamos o sintamos que hemos cubierto nuestra necesidad espiritual, ello es solamente un autoengaño y de todas formas debemos recurrir a Él.
Por lo tanto, no importa que uno haya logrado satisfacer su hambre espiritual por cualesquiera medios uno haya considerado, encontrado o desarrollado, al final del camino todo se reduce a:

  • Aceptar que este Dios bueno y perfecto y que nos ama sin límite, sea quien abastezca esa necesidad que Él mismo implantó en nuestro ser, para entonces ser premiados por ser aceptados en un supuesto paraíso o lugar de eterna dicha.
  • Rechazar la oferta de este Dios bueno y perfecto y que nos ama sin límite, para entonces ser castigados por ser enviados a un, también supuesto, infierno o lugar de eterna tortura.

Ciertamente no se requiere ser iluminado para comprender la imposibilidad de un dios como el que insisten en vendernos, el cual, esencialmente, sólo es una versión magnificada del mismo ser humano con todos sus defectos, errores, carencias y problemas.

En resumen:

  1. Un Dios, que es todo amor, todo bondad y todo perfección, nos hizo defectuosos.
  2. Nos hizo así para que recurramos a Él y aceptemos la solución que sólo Él puede otorgar.
  3. Nos dio un libre albedrío para elegir si queremos que sea Él quien alivie ese vacío o no.
  4. Si lo aceptamos, nos premia, pero si lo rechazamos, nos castiga para la eternidad.

Más allá de esta “necesidad espiritual”, y alrededor de la cual gira todo el asunto, ya que Él no nos va a proveer de un coche o de una casa, no necesitamos de ningún dios en absoluto. A su vez, lo que sí resulta notable, es que este dios “todopoderoso” necesita:

  • la mente humana para ser pensado;
  • dinero humano para sostener su iglesia;
  • la voz humana para hablar por él y de él;
  • la mano humana para escribir su palabra;
  • la voluntad humana para cumplir su plan como él quiere;
  • el corazón humano para habitar en él y ser amado por él;
  • el cuerpo humano para contenerlo y para encarnar sus ritos;
  • la imperfecta conciencia humana para manifestar en ella su mensaje;
  • tu alma para juzgarla.

No obstante hay gente (por ejemplo: josuebarrios.com/dios-no-te-necesita/) que dice que “Dios no nos necesita”, ciertamente notamos que este supuesto Dios sí requiere del ser humano, y bastante más de lo que uno imaginaría de primera instancia, para ser “su instrumento”:
www.incados.org/nuestro-ser/instrumento-de-dios.html
es.catholic.net/op/articulos/19257/cat/752/ser-dociles-instrumentos-de-dios.html

¿Quién necesita de quién,
Dios del humano o el humano de Dios?
La respuesta ahora ya debe ser obvia:
lo imaginado (Dios) requiere del imaginante (Tú), no viceversa.

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¿Qué opinas, un Dios sabio y amoroso en verdad actuaría como nos han llevado a creer?