Tus creencias religiosas

¿Realmente crees que aquello en lo que crees, es verdad? Sí, es más que evidente que así debe ser porque precisamente, crees en ello, y es obvio y natural esperar que cualquiera jure por aquello en lo que cree, pero en alguna ocasión te has preguntado, “¿cómo sé que aquello en lo que creo, es verdad?”. Planteado de otra forma, alguna vez has pensado o considerado, ¿qué sucedería o qué implicaría si aquello en lo que crees, no es verdad? He aquí la pregunta a contestar.

Dado que no era de mi interés plantear conceptos delicados desde un inicio, y puesto que tampoco era relevante para fines de los razonamientos expuestos, en algunas de las publicaciones anteriores expresé que por ese momento daba por aceptada la realidad de ese ser que llamamos “Dios”; sin embargo, como es un hecho que lo mejor que podemos hacer, y que en algún momento deberemos hacer, es comenzar por averiguar de dónde vienen nuestras creencias religiosas, con esta publicación inicio una nueva serie dedicada a considerar la creencia relativa a Dios, y aunque voy a referirme al Dios de la religión Católica (el Dios Triune: Padre, Hijo y Espíritu Santo), en esencia todo lo dicho aplica a cualesquiera otros Dioses, llámense Alá (Al-lah), Jehová (D__s, Yhvh, Yahveh), Vishnú (Vishnú, Brahma y Shiva), Amaterasu o el Monstruo del Espagueti Volador.

¿No se te hace sorprendente que algo tan vital, como definir o garantizar tu situación en tu próxima vida por adorar y obedecer a un dios particular, dependa de algo tan trivial como una cuestión geográfica? Sin que lo tomes de forma estricta, pues sólo es un cuestionamiento, considera que:

  • si hubieses nacido en algún lugar de Arabia Saudita, serías musulman, adorarías a Alá y tu libro sagrado sería el Corán;
  • si hubieses nacido en una región eminentemente mormona, serías mormón, creerías en la Santísima Trinidad y estudiarías el Libro de Mormón;
  • si hubieses nacido en algún lugar de la India, tendrías una religión hinduista, los Vedas serían tus libros sagrados y adorarías a uno o varios de sus diversos dioses;
  • si hubieses nacido en Israel, tu religión sería el judaísmo, el Tanaj (el Antiguo Testamento) sería la base de tu estudio y adorarías a Dios (al Dios único, no al Dios triune);
  • si hubieses nacido en algún lugar de Japón, practicarías una religión shintoista, adorarías a varios de los kami (espíritus de la naturaleza) y el Kojiki y el Nihongi serían tus libros sagrados.

Recién nacido marcado con el sello de una religiónSi se medita un poco, lo sorprendente no radica en creer profundamente en uno u otro dios, ya que ello es resultado de un adoctrinamiento; no, lo verdaderamente increíble está en que se afirme con vehemencia que la religión seguida es la única correcta y que todas y cada una de las demás está totalmente equivocada, ¿y todo por qué? Por haber nacido en cierto lugar, nada más por eso.

Por favor, colócate en una postura mental objetiva por un momento, e imagina que fuiste educada en otra religión; ¿estás de acuerdo que hoy por hoy pertenecerías al grupo de gente que rechaza y tacha de falsa esa misma religión que ahora amas y dices ser la verdadera? ¿Y estás de acuerdo que por la misma razón, en este momento también estarías amando alguna de las que ahora dices ser falsa? Entonces, ¿en dónde radica, verdaderamente, tu convicción?

Nota que el tema no es acerca del respeto a las creencias de otros individuos, sino de ese “saber” que dices tener y que te lleva a afirmar que la demás gente está adorando a un dios imaginario porque no es el que a ti te enseñaron a adorar.

Sólo como muestra del concepto (transcrito de forma textual):

Veo al los Budistas darle cigarros, café, fruta y pasteles a sus dioses estatua—su deidad ni siquiera puede prender el cigarro. Ellos lo encienden y colocan en la vasija. Su dios los necesita. ¿Porqué? Porque ellos lo crearon. Es pequeño. No salva. Es falso. Pero el Dios VERDADERO no nos ! necesita a ti o a mí para ni una sola cosa.
—www.jesus-is-lord.com/spznonos.htm

Sin importar qué religión profeses, ¿alguna vez has intentado comprobar o confirmar la veracidad de aquello que te han inculcado? Te aseguro que si investigaras un poco sobre la historia y desarrollo de tu religión (por ejemplo: “Breve historia sobre el desarrollo de la religión cristiana“), descubrirías que todo es fruto de un pensar y de un interés humano, y que no, no hay ningún dios o dioses escribiendo o enviando mensajes.

Piénsalo un poco, o todas las religiones están equivocadas o todas están en lo correcto.

Si todas las religiones estuviesen en lo correcto, el problema no radicaría entonces en los humanos, sino en dichos dioses por no ponerse de acuerdo en qué exigir de sus criaturas, pues cada libro sagrado difiere de los demás en forma radicalmente diferente y sólo ha provocado que dichas criaturas hayan estado matándose a lo largo de la historia. Sin embargo, si profundizáramos un poquito más en esta idea, veríamos que algo en este esquema no cuadra del todo, tras lo cual no quedaría sino concluir (dado que se dice que fuimos “creados a imagen y semejanza”) que dichos dioses sólo tienen a sus criaturas como elementos de entretenimiento, tal como los “humanos” tienen y usan a ciertos animales para pelear entre sí, razón por la cual, ciertamente ya deberíamos poner un “hasta aquí” y dejar de ser el juguete no-pensante de dichos dioses.

Dado lo anterior, por el momento debería empezar a ser evidente que es imposible que todas las religiones estén en lo correcto, de aquí que todas deben estar equivocadas, es decir, no hay ningún dios o dioses personales creándonos, vigilándonos, gobernándonos, exigiéndonos, poniéndonos a prueba, premiándonos, castigándonos y matándonos. En las siguientes publicaciones de esta serie presentaré algunos razonamientos breves a este respecto.


Tutorial para crear el universo

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Dios es un automóvil

 
¿Qué piensas, todavía crees que sólo tu religión conoce o tiene al verdadero Dios?